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El discurso de que si se caen los bancos caen tus cuentas también ha calado muy hondo

SEMANA DE ACCIÓN GLOBAL CONTRA LA DEUDA EN SEVILLA.  Artículo publicado en Diagonal, Cristina de Fina, 5 de Noviembre de 2013.

“¿Por qué no debemos pagar la deuda? Razones y alternativas”. Este es el título del libro presentado por la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda en Sevilla, como cierre de la convocatoria internacional de la Semana de lucha contra la Deuda. Una publicación concebida como una herramienta de empoderamiento ciudadano en el análisis y la búsqueda de alternativas a eso que llaman “crisis”.

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Con motivo de la presentación del libro ¿Por qué no debemos pagar la deuda? Razones y alternativas en La Fuga -que cerró en Sevilla, el pasado 18 de octubre, la convocatoria internacional de la Semana de lucha contra la Deuda-, conversamos con Marta Domínguez y Ricardo Martín Santos, miembros de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD) y autores del vídeo “¿Qué deuda?”. Con esta publicación se pretende ofrecer una herramienta -rigurosa y sencilla, elaborada desde la ciudadanía- para comprender las razones de la crisis y de la acumulación de la deuda, las consecuencias sobre la población y las posibles alternativas. 

 

Como explica Marta, la labor de difusión de la información es una de las tareas básicas de la actividad de la PACD, un colectivo que se ha ido formando en el seno de la ciudadanía y que tiene fundamentalmente tres líneas de actuación: “un trabajo técnico de investigación y formación interna, que consiste en  desgranar los datos con informes sobre el rescate bancario, por ejemplo, o auditorías municipales; una tarea de difusión, con la elaboración de libros, vídeos, charlas y talleres, donde compartir la información, traduciendo los informes técnicos a un lenguaje accesible; y la movilización. La idea es llegar a sumar fuerzas y argumentos para plantarnos antes el pago de la deuda”.

 

La difusión de la información, según la PACD, es extremadamente importante para el empoderamiento de la ciudadanía, sobre todo, como respuesta al discurso dominante que ha calado bastante en la sociedad. Ricardo contrarresta, en este sentido, el imaginario colectivo: “Mucha gente confunde la deuda personal con la del Estado y eso no es casual, el Gobierno ha jugado mucho a hacer trasvases conceptuales del tipo ‘las cosas de casa son las cosas del Estado’, de la misma forma que ha propagado la falacia de que la deuda no hay más remedio que pagarla”. Y hace especial hincapié en el carácter ideológico del discurso institucional y de la consecuente política de austeridad: “La deuda es un mecanismo para imponer determinadas políticas. El trasfondo es, con la excusa de la deuda, seguir liberalizando el mercado. El problema surge en realidad en los setenta, cuando los beneficios de la industria europea empiezan a disminuir, mantener el estado de bienestar empieza a ser caro y comienza una lógica de desposesión, de cómo hacer una transferencia de las rentas populares a la renta del capital. Desde los años setenta hay políticas neoliberales para tirar abajo el estado del bienestar. La crisis les ha dado la excusa perfecta para que esas políticas neoliberales se puedan imponer de una manera mucho más fuerte, como la deuda es enorme tenemos que acabar con el gasto social”. En resumen, “lo de la deuda es una mera excusa”, y añade, “Estados Unidos vive tranquilamente con más del 100% de su deuda, Japón llega a tener alrededor del 140%. En realidad, esto tiene que ver también con la globalización: si se quieres competir con los países del tercer mundo hay que empobrecer los países europeos, es una tercermundialización de Occidente con la lógica de sacar beneficios”.

 

Revertir el discurso hegemónico, entonces, es lo que se proponen los activistas de la PACD. “La gente intuye que está siendo engañada y la mayoría piensa que no es justo que se recorte en derechos  sociales, pero muchos piensan que si no se paga la deuda sería un desastre. El  discurso de que si se caen los bancos caen tus cuentas también, cae todo el sistema económico, ha calado muy hondo. El tabú de que no podemos dejar caer un banco se rompe con la información, con ejemplos concretos de que hay veces que no se han hecho así las cosas. En Islandia, por ejemplo, o en Ecuador. No pagar la deuda es posible, allí están los precedentes históricos que demuestran  que un gobierno decidido a defender los intereses de la mayoría tiene herramientas para cuestionar el pago de las deudas ilegítimas”.

 

Por otro lado. el proceso de desarrollo de una auditoría ciudadana de la deuda es en sí mismo político y el mismo concepto de deuda ilegitíma es inevitablemente ideológico. “Una parte de la naturaleza de la auditoría es justamente que la ciudadanía defina lo que considera ilegitimo”, señala Marta. “Una cosa puede ser legal pero es ilegítima en el momento en  que la ciudadanía considera que sirve a unos intereses particulares y que no tiene  un beneficio colectivo. Y los conceptos de beneficio y perjuicio no se limitan sólo a lo económico, hay una parte que tiene que ver con el coste social, de género, por ejemplo, con la ley de dependencia, ecológico, como el impacto ambiental de los macro proyectos, entre otros. Lo de deuda ilegitíma es un concepto socio-cultural e ideológico. Por eso es fundamental que lo definan los ciudadanos”.

 

Cómo se construye este camino es muy importante. Hay auditorías de la deuda institucionales y auditorías ciudadanas, y como recuerda Ricardo, “de todas las deudas colosales que se han visto en la historia, muchas partes no se pagan. Todo depende de a quién favorecer el impago. Históricamente no hay un proceso de endeudamiento sin una contrapartida, incluso cuando se plantea una ayuda siempre va con un paquete de medidas que lo que pretende es un control sobre las reglas del juego”. Por eso, según la PACD, la deuda “no es un tema que podamos dejar en manos a un grupo de expertos y la auditoría tiene que ser ciudadana. Ha habido un proceso de despolitización enorme de la mayoría social que no sabe cómo se gestiona el gobierno y cómo funcionan las instituciones y, por otro lado, la falta de transparencia en las instituciones gubernamentales. La ciudadanía tiene que volver a concienciarse sobre cuáles son los asuntos públicos,  ver realmente cuál es el panorama político que tenemos, o sea, que el gobierno no gestiona las cosas para la mayoría sino para una minoría”.

 

Planteada como instrumento de transparencia, autoformación, empoderamiento y denuncia, la auditoría ciudadana viene a ser un proceso colectivo para comprender cómo se acumularon las distintas deudas, qué efectos tiene el endeudamiento, qué se financió, bajo qué condiciones y quién se benefició de ello. Un proceso que puede contribuir a la toma de conciencia de la ciudadanía y abrir el debate sobre un cambio de modelo económico y social. “Cuando el gobierno dice que hemos vivido por encima de nuestra posibilidades está claro que es una manera interesada de socializar las pérdidas y hacer culpable a la mayoría de la población, pero en cierta manera hay también una parte de verdad”, apunta Ricardo, “nos hicieron creer que vivíamos en un sistema democrático, en la posibilidad de que la mayoría de la población podía ser rica, y la gente se lo creyó, porque no tenía información, consiguieron que la sociedad se metiera en un consumismo atroz. Ese modelo consumista además de ser insostenible, es un espejismo de la realidad”.

 

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